Distintos procesos políticos en Estados Unidos, Europa y Hungría reflejan debates sobre la salud democrática y la respuesta ciudadana a figuras de poder concentrado.
Según el libro Cómo mueren las democracias de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, las democracias del siglo XXI a menudo enfrentan un proceso de erosión desde adentro, más que colapsos abruptos. Los autores identifican patrones como la categorización del rival como enemigo, ataques sistemáticos y la captura de instituciones, utilizando ejemplos que incluyen a Hugo Chávez y Donald Trump.
En Estados Unidos, una movilización bajo la consigna “No Kings” reunió a millones de personas, expresando un rechazo a la idea de una presidencia con atribuciones monárquicas. Las críticas a la gestión de Trump se centraron en políticas migratorias y tensiones internacionales.
En Europa, se observan fenómenos similares. En Italia, un referéndum rechazó con un 53.2% de los votos una reforma judicial impulsada por el gobierno de Giorgia Meloni, interpretado como un freno popular a cambios institucionales profundos.
En el Reino Unido, la “Together Alliance”, una coalición de más de 140 organizaciones, movilizó a cientos de miles de personas el 26 de marzo contra discursos de odio y racismo, en un contexto de crecimiento de figuras como Nigel Farage y Tommy Robinson.
En Hungría, el sistema político construido por Viktor Orbán durante dieciséis años enfrenta una crisis de legitimidad. Encuestas de marzo de 2026 indican que su popularidad ha caído por debajo del 35%, mientras que el partido Tisza, liderado por el disidente Péter Magyar, capitaliza el descontento. Magyar se define como de centro-derecha, combinando valores tradicionales húngaros con una visión económica pro-mercado y una postura pro-europea crítica, alejándose de la confrontación constante con Bruselas. Las próximas elecciones generales en Hungría se presentan como una incógnita por primera vez en casi dos décadas.
