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Diego Schwartzman se reencontró con su mejor tenis, logró un triunfo histórico y sigue vivo en Roland Garros, a la espera de Tsitsipas

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Diego Schwartzman ​derrotó al portugués Nuno Borges, 80° del mundo, por 7-6, 6-4 y 6-3. Al menos eso es lo que dice el marcador de la cancha 9 de Roland Garros, lejos, bien lejos de los flashes de los courts más importantes del Grand Slam parisino. La realidad es que el Peque le ganó también a los fantasmas de los últimos meses, esos que lo llevaron a empezar a replantearse su futuro en el circuito profesional. 

El porteño, ubicado hoy en el 95° escalón del ranking, trabajó el partido, se hizo fuerte cada vez que se le presentó alguna adversidad y terminó resolviéndolo con mucha tranquilidad a pesar de que su rival nunca cedió en la persistencia, ni siquiera en ese último game en que precisó de dos match points para definirlo.

Y se fue feliz el Peque, porque en París consiguió hilvanar dos triunfos seguidos por primera vez en el año (y por primera vez desde septiembre pasado). Y porque ante Borges mostró seguridad en los momentos clave, justamente lo que hace algunos meses, en charla con Clarín, decía que extrañaba.

«Se dio lo que me venía faltando: poder responder mejor en los momentos importantes de cada set. Quizás el partido tuvo pasajes de muchos errores y mal jugados de parte de los dos. Pero al fin y al cabo, el tie break, el final del segundo set, ese final de partido con algunos buenos puntos y un nivel bueno y parejo mío… Pude jugar mejor que él los momentos importantes. Quizás en los últimos tres o cuatro partidos que había perdido no lo había hecho así», reflexionó el argentino en charla con ESPN.

Hubo una jugada clave en el primer set, que grafica el buen semblante que mostró Schwartzman. El Peque discutió con el umpire y aceptó a regañadientes una decisión que pareció injusta de parte del juez de silla, cuando le dio por perdido un punto que había ganado tras un out en que el portugués le dio continuidad al juego.

En ese momento estaba 5-6 abajo y del 30-15 a favor se ponía 15-30, con la chance concreta de perder esa manga y caerse anímicamente. Pero no con este Schwartzman. Diego usó la rabia a su favor, se puso 6-6 y se llevó el tie break 7-3 con mucha autoridad, haciéndole sentir el rigor al portugués en cada punto.

El resto del partido fue siempre parejo pero con Diego mejor de la cabeza, cuidando más su saque y aprovechando los momentos justos para sacarle diferencia a Borges. Cada uno de esos puntos de oro ganados tenían la misma reacción para el argentino: el grito de «¡Vamos!», el gesto del Topo Gigio llevándose una mano a su oído y la explosión del numeroso grupo de compatriotas en la tribuna que no paró de darle aliento.

«Ahora es todo pura felicidad. No ganaba dos partidos seguidos desde hace no sé cuántos meses, seis o siete. El ranking está en un segundo plano hoy. Si vuelvo a jugar bien al tenis, voy a ganar partidos. Y al final, ya no soy un nene y tengo que disfrutar de lo que tengo, poder hacerlo lo mejor posible y dejarlo todo. Si no sale, no sale, pero al menos dejar todo», comentó el porteño. 

La última vez que había sumado dos triunfos al hilo había sido en el US Open del año pasado, cuando venció a Jack Sock en el debut, al australiano Alexei Popyrin en segunda ronda y se despidió ante Frances Tiafoe. Desde entonces, jugó Tel Aviv, Amberes, Viena y París, en el cierre de 2022; y en esta temporada, Auckland, el Australian Open, Córdoba, Buenos Aires, Río de Janeiro, Santiago de Chile, Indian Wells, Miami, Estoril, Montecarlo, Barcelona, Madrid, Roma y Lyon, además de los Challengers de Phoenix y Cagliari. En todos se fue decepcionado y demasiado temprano.

En París -donde hace tres años llegó a semifinales, en la que fue su mejor temporada-, rompió esa racha negativa.

«Hay lugares en los que el tenista responde mejor, es algo genético, del ADN. A mí me toca acá y no puedo estar más feliz. En este torneo tengo una motivación diferente. Como dije el otro día, nunca me imaginaba que iba a conseguir estos números en Roland Garros. Es una felicidad enorme. Y es un gran trabajo de mi equipo desde que soy muy chiquito. De los que están hoy, de los que estuvieron y los que siguen estando», afirmó quien en aquel 2020 llegó a ocupar del octavo escalón del ranking.

«Ahora todo es pura felicidad», afirmó Schwartzman. Foto Instagram @dieschwartzman
¿De qué números habla Schwartzman? Además de esa semifinal que perdió don Djokovic, un récord de victorias que lo metió en un podio junto a dos leyendas. Antes Borges, llegó a los 23 festejos en el Major francés, uno más que Juan Martín del Potro y solo detrás de Guillermo Vilas (57) y Gabriela Sabatini (42). Un premio al esfuerzo y al corazón del Peque, que se reencontró con el tenis en Bois de Boulogne.

En la próxima ronda, el porteño chocará con Stefanos Tsitsipas, uno de los grandes candidatos a llevarse el torneo, que incluso tiene chances de terminar como 1 del mundo. El griego derrotó este miércoles al español Roberto Carballes Baena por 6-3, 7-6 (7-4) y 6-2. Parece impensado que el Peque pueda con el quinto del ranking, aunque este Schwartzman renovado ya se sacó la mufa de los últimos meses y sueña con dar la sorpresa.

«Va a ser muy difícil, es un desafío muy grande», anticipó. «Hace unas pocas semanas no era el mejor para jugar contra este tipo de jugadores. Pero es muy bueno llegar con dos victorias. Además siempre he tenido un gran ‘feeling’ con la pelota acá. Si tengo alguna chance, voy a intentar estar ahí para aprovecharla». 

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