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La presión de Estados Unidos, las demoras del Gobierno y las quejas de Sabino Vaca Narvaja detrás del freno a las obras con China

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Uno podría leer que los astros confluyeron en la relación bilateral con China para que el amistoso que jugará la Selección Nacional con Australia el 15 de junio, en Beijing, coincida con el cumpleaños número 70 del máximo líder, Xi Jinping. Un fanático del futbol que multiplicó los centros de entrenamiento de este deporte en su país.

Semanas atrás, llegaron a Buenos Aires las fotos del embajador argentino, Sabino Vaca Narvaja, corriendo un picado en la zona de Hainan, en el sudeste chino, adonde viajó para promover la relación bilateral, que ahora vuelve al foco de atención con el viaje de Sergio Massa y de Máximo Kirchner a Shanghai y Beijing.

Sobre este vínculo con China existe principalmente la idea de que media una fuerte presión de los Estados Unidos para impedir que avancen grandes proyectos de la potencia asiática en el país: asuntos militares, logísticos, tecnológicos, y hasta en recursos naturales estratégicos que desafían el liderazgo estadounidense en América Latina. 

Alberto Fernández con xi Jinping en la reunión del G20 en Bali, en noviembre pasado.

Alberto Fernández con xi Jinping en la reunión del G20 en Bali, en noviembre pasado.
Pero tras numerosas consultas de Clarín a diplomáticos y empresarios que van y vienen de Argentina a China, la relación con el gigante asiático está frenada por cuestiones burocráticas, internas, incapacidad local y falta de financiamiento porque el Estado está quebrado para encarar obras pública de importante magnitud. 

Ello se refleja, de hecho, por ejemplo en la imposibilidad de revertir un déficit en la balanza con China que fue creciendo y es hoy descomunal.

Este está en un rojo de U$S 9.400 millones de dólares (dentro un volumen bilateral de U$S 26.000 millones), mucho más que durante la administración de Mauricio Macri y cuando la embajada en Beijing estaba a cargo de Diego Guelar.

El ex embajador macrista entregó el déficit del comercio con China en U$S 2.300 millones. Es decir, con una tendencia hacia el equilibrio de la balanza, gracias a la firma de varios acuerdos comerciales, mientras se mantenía frenadas inversiones que tampoco arrancaron con Cristina. 

El ministro Sergio Massa con el embajador chino en Argentina  Zou Xiaol AFP

El ministro Sergio Massa con el embajador chino en Argentina Zou Xiaol AFP
Lo increíble es que los vecinos de Argentina como Brasil y Chile tienen superávit con China. Los primeros de U$S 35.000 millones y los segundos de U$S 10.000 millones. Más humildemente, los uruguayos también tienen una balanza positiva por U$S 1.200 millones. Lo paradójico es que el hiperactivo Vaca Narvaja -aunque más ideologizado- trabaja también en la línea pragmática de Guelar. 

Supo este diario que Vaca Narvaja se quejó fuertemente ante Alberto Fernández de la Cancillería. Y que también lo hizo ante el Instituto Patria, que responde a la vicepresidenta Cristina Kirchner.

Se quejó del canciller Santiago Cafiero y sobre todo de su secretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Cecilia Todesca, a quien acusó de “no hacer nada” desde una posición destinada a incrementar las relaciones comerciales.

Los acusa de ser “pro estadounidenses”. Sin embargo, detrás de Cafiero están Alberto Fernández, el ministro Sergio Massa y antes Martin Guzmán más el ex secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, que frenaron acuerdos de envergadura con China.

Para despejar qué es lo que Estados Unidos frena hay numerosos ejemplos. Estados Unidos, sabe este diario, no objeta la relación comercial y ni siquiera objeta el pedido de ampliación y renovación del swap con China (Massa está pidiendo renovar U$S 5.000 millones de los 18.000 millones del intercambio de yuanes por dólares en el comercio y además otros U$S 3.000 millones). Y también los funcionarios del Gobierno, en Buenos Aires y en Washington le han hecho saber que no tienen otra alternativa ante la desesperante situación argentina. 

En el viaje de Alberto Fernández a Beijing de febrero de 2022, se anunciaron proyectos de inversiones en infraestructura que ascendían a $13 mil millones en inversiones en ese rubro. Pero nunca quedó realmente claro como iban a financiarse.

Varios de ellos ya estaban en carpeta desde que Cristina Kirchner fue gobierno. Por ejemplo, la central de energía nuclear por U$S 8.000 millones. Esa es una de las objeciones de Washington. 

Tampoco quieren presencia china en las fabricas en Tierra del Fuego -la Shaanxi Coal Group se comprometió con U$S 1.200 millones para un proyecto de desarrollo de amoníaco sintético y de urea- entre otros productos. 

Estados Unidos no quiere industria de la defensa compartida entre Argentina y China, aunque desde aquí los militares le plantearon que entonces ayuden con hechos. De ahi que Washington habla con el Reino Unido para venderle unos F16 a la Argentina y evitar que la Fuerza Aérea compre los JF 17 Thunder chinos fabricados en Pakistán.

Y no quiere presencia china en las concesiones que se hagan para el dragado de la Hidrovía, donde el Estado aún no ha resuelto qué hacer. Estados Unidos no objeta la licitación argentina del 5G, pero no quiere que se meta ahí Huawei.

El canciller Santiago Cafiero con He Lifeng, presidente de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de la República Popular China, con quien firmó la adhesión de Argentina a la Ruta de la Seda

El canciller Santiago Cafiero con He Lifeng, presidente de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de la República Popular China, con quien firmó la adhesión de Argentina a la Ruta de la Seda
Pero la a licitación del 5G en Argentina no se hace por atrasos propios del Gobierno, que no termina de cerrar con las operadoras.

Las compras militares aquí las vienen “pateando” porque no hay dinero y ni siquiera hay condiciones para cumplir los términos de financiamiento favorable que ofrece China. Por ejemplo, en la central nuclear, Argentina quiso un 100% de financiamiento cuando se hablaba de un 85% y un 15% local. Pero ahora no se hace por EE.UU.

La mega comitiva que lleva Massa a su viaje, empezando por su aliado Máximo Kirchner hay que leerla en clave más interna que en lo que hace a las relaciones con la segunda potencia mundial. Por empezar, no llevan a nadie de la Cancillería, algo que para un país tan protocolar como China es extraño. A Cafiero, ni Massa ni Máximo le perdonan que haga campaña por Daniel Scioli como candidato a suceder a Alberto Fernández.

Habrá que ver al final del viaje, si los chinos le van a facturar todas estas idas y vueltas y los retrasos, por ejemplo en lo que hace a las represas en Santa Cruz.

El embajador argentino en China, Sabino Vaca Narvaja juega al futbol en Hainan

El embajador argentino en China, Sabino Vaca Narvaja juega al futbol en Hainan
Si bien Massa se reunió en abril con representantes del China Gezhouba Group, que le anunciaron que antes del próximo 30 de junio desembolsarán US$500 millones para financiar el proyecto de construcción de las represas en Santa Cruz (la Jorge Cepernic y la Néstor Kirchner), en el sector consideran que Argentina está default desde 2020 porque el Gobierno dejó de pagar.

China hizo dos desembolsos chicos para mantener a flote la obra. Pero no es sólo un problema financiero. Hay quienes sostienen que están mal emplazadas desde el vamos, sobre una falla geológica, lo que trajo reclamos medioambientales y cambios del proyecto original.  A ello se suman los reclamos y huelgas de la UOCRA, que para la mano dura que aplica China en sus leyes laborales son motivo, cuanto menos, de desencanto. 

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