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Las grandes transnacionales de EEUU apuestan por China

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Más de 300 empresarios internacionales de primera línea, encabezados por los ejecutivos máximos (CEO) de las 90 principales transnacionales estadounidenses, entre ellos Tim Cook de Apple, Darren Woods de Exxon Mobil y Noel Quinn de HSBC, participaron del mayor acontecimiento económico de la República Popular convocado por el Consejo de Estado, que es el “Foro Chino de Desarrollo” (“China Development Forum” /CDF). Allí, el primer ministro Li Qiang formuló las líneas directrices tanto nacionales como internacionales del sistema fundado por Mao Tse Tung en 1949.

En la misma semana el presidente Xi Jinping visitó la planta que la compañía química alemana BASF ha erigido el último año en la provincia de Hunan, con una inversión de más de US$ 10.500 millones. Se trata del complejo químico más avanzado del mundo, superior incluso a los de BASF en la República Federal.

En el discurso inaugural Li Qiang convocó a los grandes inversores del mundo a participar de una economía china que se encuentra en el pleno despliegue de la 4ª revolución industrial fundada en el conocimiento y en la alta tecnología; y les señaló que esto constituye una extraordinaria oportunidad de negocios para el sistema global y sus grandes compañías. Li Qiang señaló también que, además de haber resuelto la total apertura de la manufactura china —la mayor del mundo— a la inversión extranjera, ahora se ha comenzado también a abrir la totalidad del sector servicios, y en primer lugar todos los vinculados a la “economía digital”.

De esta forma el Primer Ministro ratificó que la estrategia fundamental de China radica en abrir sistemáticamente su economía en todos sus sectores y regiones, y se trata —precisó— de la segunda economía del mundo (US$18.6 billones/19% del PBI global).

El Consejo de Estado presentó también un programa de 24 puntos, discutido y elaborado en conjunto con las empresas transnacionales, destinado a facilitar la inversión extranjera, sobre todo de las que hacen al pleno despliegue de la “economía digital”.

Es lo que Xi Jinping denomina la creación de “nuevas fuerzas productivas de calidad avanzada”, lo que constituye la punta de lanza de su conversión en una economía 100% digital en la próxima década. Así, China aspira a concluir la hazaña histórica de su digitalización completa en 2035.

Apple, la mayor empresa de alta tecnología de EE.UU. y del mundo, ha señalado la intención de duplicar las inversiones en la República Popular en los próximos 3/5 años. “Creo que es esencial — dijo Tim Cook— ya que China es el futuro”. La empresa creada por Steve Jobs tiene más de 200.000 empleados en la República Popular, y agregó: “No hay cadena productiva que sea más relevante en el mundo de hoy que China”.

Las ventas de Apple en el mercado chino ascendieron a US$ 21.000 millones en el 4° trimestre de 2023, y más de 80% provinieron de la venta de los iPhones de 5ª Generación/5-G. Entre las actividades en que Apple se propone duplicar la inversión en 2024 se encuentra ante todo el laboratorio que ha instalado en Shanghai, centrado en la investigación y el testeo de sus iPhones más avanzados, profundizando la cooperación sistemática que mantiene con sus proveedores chinos.

Es evidente que para Apple y la alta tecnología norteamericana la ciencia y la técnica avanzada propia de la 4ª revolución industrial tienen un carácter esencialmente cooperativo, y la incesante competencia que la caracteriza se realiza en ese marco de cooperación.

La regla que aplican las grandes transnacionales estadounidenses es nítida e inequívoca: “Si no se tiene una estrategia en China, no se tiene una estrategia global”.

Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, señaló que si la República Popular profundiza el desarrollo de su demanda doméstica sobre la base del despliegue de su “economía digital”, puede aumentar más de 20% su PBI en los próximos 15 años, lo que es igual a US$3,5 billones. Esta apreciación tiene una importancia directa para la economía mundial porque China responde por 35% de su crecimiento anual.

En suma, la contienda que existe en EE.UU. entre la puja geopolítica con China —su sistema político, los medios de comunicación, y la opinión pública— y el proceso de acumulación capitalista de alcance global está ampliamente resuelta a favor del segundo.

Este es un año crucial para EE.UU. porque resuelve la sucesión presidencial entre Joe Biden y Donald Trump en las elecciones del próximo 5 de noviembre.

EE.UU. se encuentra a la cabeza de la 4ª revolución industrial y ha comenzado a manifestarse en todo su esplendor el significado de la Inteligencia Artificial en la primera economía del mundo. Y experimenta un extraordinario proceso de debilitamiento geopolítico provocado por su crisis política interna, centrada en la debilidad del presidente Joe Biden.

La historia no es determinista, pero hay un determinismo en la historia. Lo que falta por determinar son los medios y las condiciones —es decir, la política— en que esta certidumbre histórica se realizará.

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