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Por los bolsillos flacos, el consumo de cerveza baja fuerte este año

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Después del repunte que tuvo el consumo de cerveza tras la pandemia, este año el mercado empieza a enfriarse. En 2022 se vendieron 4,5% más botellas que en 2021 según un informe de Claves, Información Competitiva. Fuentes del sector aseguran que este año las ventas están cayendo con fuerza. «La nuestra es una categoría muy masiva, si sufre el bolsillo, sufre la categoría», apuntan.

El mercado cervecero en Argentina está dominado por dos grandes compañías, Quilmes, que maneja marcas como Stella Artois y Andes y CCU, con Heineken y Amstel, entre otras. 

Hoy en Argentina el consumo de cerveza es de 45 litros anuales por persona, por debajo del promedio de Sudamérica que es de 60 litros. Las artesanales representan apenas un 2,5% del mercado.

Juan Pablo Barrale, Gerente de Asuntos Corporativos y Sustentabilidad de CCU, detalla que «los volúmenes de venta del mercado de cervezas están en niveles inferiores a los del año anterior. A pesar de ello, continuamos diversificando nuestra propuesta, con lanzamientos de nuevas variedades y marcas, como el caso de Heineken 0.0 (sin alcohol), Bieckert BAPA y Urbana, Grolsch IPA, Salta Cautiva Negra, para acercarnos a los distintos gustos y preferencias de los consumidores».

Pese a la baja del consumo Barrale destaca que «hay una tendencia en alza en la que los consumidores vienen optando por productos más sofisticados, marcando crecimiento en el segmento premium y entry premium, que ya representa más del 20% del volumen de consumo».

Nuevos proyectos

La caída de las ventas es más marcada en las cervezas artesanales. Aún así hay quienes siguen apostando al sector. Este mes se lanzó Bambú, la fusión de las cervecerías Corrales Viejos y Fe.

​Con una inversión inicial de US$ 50.000, la fábrica de Bambú tendrá su sede en Lanús y proyectan ingresos por $ 40 millones para 2023. “Nuestro objetivo es ser una de las 10 mejores marcas de cerveza artesanal del mercado”, comenta Damián Martínez, gerente de administrativo y de Ventas de Bambú.

«Si los salarios caen el consumo se reduce. Este año el consumo cayó fuerte, cerca de un 30%. Hace siete años que hacemos cerveza, como pyme uno siempre está acostumbrado a sortear estos problemas, apelando a la creatividad, a la diversificación», cuenta Martínez.

Juan Cavallo, CEO de Bierhaus, señala que «en el primer trimestre el consumo de cerveza cayó 25%. Nosotros no caímos tanto por un trabajo comercial muy fuerte para intentar mantenernos. La actividad es mucho menor: le gente en lugar de consumir tres pintas consume una y se queda cuatro horas».

Además de la baja del consumo, el sector se enfrenta a las dificultades para importar. Según datos de la Cámara de Cerveceros Artesanales de Argentina, para un 40% de los productores hay faltante de lúpulo en el mercado. Un porcentaje similar asegura que hay además escasez de malta y de botellas de vidrio.

Quilmes viene encarando un plan de sustitución de importaciones que tiene uno de sus puntos fuertes en la ampliación de la superficie de la plantación de lúpulo en Rio Negro. El 70% del lúpulo que requiere la producción de cerveza se importa y el foco de Quilmes es triplicar la superficie de cultivos para poder autoabastecerse.

«El año pasado exportamos US$ 421 millones, especialmente cebada y malta. Esto nos permite tener una balanza comercial positiva. Importamos algunas latas, tapas de latas, piezas de capital para la fábrica y lúpulo para las marcas internacionales. Estamos con alguna demora en las importaciones pero no llegamos al extremo de tener paradas de plantas«, contaron desde Quilmes.

CCU viene invirtiendo para ampliar la capacidad productiva y logística, «con una mirada de mediano y largo plazo, para fortalecer la elaboración local de cervezas nacionales e internacionales»,apunta Barrale.

Frente a las dificultades para importar «buscamos llevar una gestión previsible y con tiempo, dadas las circunstancias actuales. No hemos tenido un impacto productivo hasta ahora», sostiene.

A las artesanales también les pegan las dificultades para importar insumos. «Hay un faltante, especialmente de lúpulo. Para resolverlo nos juntamos con tres o cuatro cervecerías y hacemos una compra conjunta«, señala Martínez.

«La mayoría de los insumos que usamos son nacionales, pero esos precios también están dolarizados. Y lo que se puede importar es poco y más caro. Entonces además de que se cae el consumo, a nosotros se nos achica el margen drásticamente«, relata Cavallo.  

AQ

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