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El origen de la palabra “Tincho” que usaron los agresores del hijo de Valeria Mazza

Tiziano (20), hijo de la modelo Valeria Mazza y el empresario Alejandro Gravier, fue agredido a la salida de un boliche.

Según contó el estudiante y deportista −representante argentino en el equipo de esquí alpino−, sus atacantes lo golpearon al grito de “Tincho”, hasta fracturarle la mandíbula.

¿Qué esconde este insulto y de dónde surge? ¿Por qué se desencadena tal grado de ensañamiento? Tres expertos hablaron con Clarín sobre la creación de estereotipos como excusa para ataques físicos y psicológicos.

No es solo una cuestión de actitud

Para el Diccionario Latinoamericano de la Lengua Española confeccionado por la Universidad Tres de Febrero (Untref), “tincho” es una palabra despectiva “que hace referencia a los jóvenes de clase media-alta y alta que suelen tener actitudes egocéntricas”.

La propia definición de la Untref tiene una carga valorativa.

Alejandro Castro Santander, quien está a cargo del Observatorio de la Convivencia Escolar, agrega que el término “entra dentro de la jerga que tiene cada época”.

El psicopedagogo puntualiza que, a los jóvenes que son puestos por otros bajo ese paraguas, se les atribuyen características “para excluirlos, ningunearlos y, en ocasiones, para justificar violencias”.

Tiziano junto a su hermano Benicio y sus padres, Alejandro Gravier y Valeria Mazza.

Miembro de la “Cátedra Unesco: niñez, juventud, educación y sociedad”, remarca que la violencia es una conducta aprendida y contagiosa. Esta implica dominio, sumisión, relaciones de poder y “códigos internos” cuando se trata de grupos, como la complicidad y el silencio.

“Por eso, cuando uno trabaja con medidas de prevención temprana, lo hace con todo el grupo y especialmente con aquellos que no son ni víctimas ni victimarios. Es decir, los testigos, para intentar convertirlos en ‘defensores'”.

Según Castro Santander, licenciado en Gestión Educativa, el de Tiziano no fue un ejemplo de bullying. El concepto −que ha sido estudiado durante los últimos 50 años− remitiría a un tipo particular de acoso, entre pares de edad escolar. Aquí, en cambio, ve directamente una “búsqueda voluntaria de daño al otro, que entra en el marco del delito”.

Qué se dice y para qué

María Zysman se recibió de Psicopedagogía y dirige “Libres del Bullying”. Para ella, la utilización del vocablo “tincho”, en este caso, resulta casi anecdótico.

“Acá, la base es el odio y el intento de adjudicar a una persona ciertas peculiaridades para actuar en su contra. Subyace, además, una falta de inhibición para pasar a la agresión física. En otras situaciones, las palabras peyorativas podrían ser igualmente ‘garca’ o ‘grasa'”, continúa.

Por eso, habla de “una situación repudiable de desborde, de la cual solo vemos una foto”. El pasaje del agravio a la golpiza remite a rencores con raíces profundas, que no puede ser fácilmente explicado a partir de la noticia aislada. Mucho menos, a raíz de una palabra.

Como Castro Santander, cree que no se trata de un episodio de bullying. “Este siempre constituye un proceso, no un hecho solitario. Conlleva situaciones intimidatorias, constantes, que tejen una red. No hay vínculo previo entre los protagonistas de esta historia”.

La especialista aclara que la discriminación no es exclusiva de una clase social. Se da, incluso, al interior de los distintos segmentos socioeconómicos.

Además, comenta que cada palabra depende de quién la diga: para muchos chicos, el concepto “tincho” −entendido como adolescentes y jóvenes con privilegios económicos y sociales− conforma un lugar de pertenencia. Expresado por otro grupo, se puede convertir en una injuria. Y, eventualmente, en la coartada para un descargo físico.

Golpearon a un hijo de Valeria Mazza fuera de un boliche en Rosario: le fracturaron la mandíbula y será operado.

‘Tincho’ empezó en Internet, aunque ahora ya rompió esa barrera. Originariamente era para los jugadores de rugby que son creídos, que usan ropa de marca, bermudas. Como una contracara de la ‘milipili’, que sería la piba cheta. Juntos son como el ‘Ken’ para la ‘Barbie'”, plantea Cami, de 18 años, de forma coloquial.

¿Nota un prejuicio en su afirmación? “No… porque no digo que todos son malos, hay algunos tinchos piolas, que saben lo que son y se ríen de ellos mismos”.

“La realidad y la realidad virtual constituyen un solo mundo”, resume Zysman. Y advierte cómo, muchas veces, los términos se desprenden de su sentido originario y quienes los usan ya no están seguros a qué se refieren. “Comienzan a ser utilizados para marcar una jerarquía”.

De las pantallas a la calle: redes (anti)sociales

Roxana Morduchowicz es doctora en Comunicación de la Universidad de París. Como asesora permanente de la Unesco en ciudadanía digital, suma un aspecto clave, en el mismo sentido que su colega: “Tincho es una expresión que suele aludir a “jóvenes que les gusta alardear de su dinero y su cuerpo, dentro y fuera de las pantallas”.

Y también concuerda con que “no conocemos a los agresores, qué los motiva, cómo es su vida cotidiana. Pero sí sabemos que existe resentimiento, que se produjo un ataque y que está emparentado con discursos de odio“.

Experta en cultura juvenil, sabe que las palabras que circulan en internet debido al mal uso de las redes sociales tienen consecuencias y reflejos más allá de lo digital.

“Los discursos de odio son primos del cyberbullying. Junto con las fake news son dos problemas fundamentales del siglo XXI. Generan pérdida de autoestima. Muchos adolescentes y jóvenes optan por borrar su perfil de las redes, que es parte de su identidad. Ya no se trata solo de angustia, sino que se ven amenazados y deciden aislarse”, explica.

Morduchowicz distingue la agresión física (que, como le pasó a Tiziano, repercutió en su salud) y la verbal, pero subraya un punto en común: ambas atentan contra el bienestar psíquico.

“El hostigamiento, que empieza en la escuela, existió siempre, pero antes se limitaba a las paredes del aula, a un tiempo determinado y se sabía quién lo ejercía. Ahora persigue a las víctimas. Lo que se sube a internet es difícil de borrar y, en muchos casos, queda online para siempre. Desde el anonimato o la identidad falsa, cualquiera puede decir cualquier cosa, sin exponerse, lo cual brinda un marco de impunidad“, concluye.

MG

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